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Coppola y Berlanga

Ayer me levanté pesadísimo, con ese Ring Of Fire sobre los ojos que los impenitentes trasnochadores conocen tan bien. La razón es sencilla: me había acostado a las mil chateando. Hacía siglos que no cogía el irc y hete aquí que los años de abstinencia no habían doblegado el terrible chateador que siempre fui. Me encontré con gente maja, pero claro, a las 5 de la madrugada (cambio de hora incluido) todos los que estamos por el irc somos majos, ¿verdad?
El caso es que el domingo tenía una comida con toda la familia. A alguno se le había ocurrido la idea de que fueramos los hijos quienes invitáramos a los padres a comer un domingo, puesto que son siempre ellos los que nos acojen con la mesa puesta y llena semana tras semana. Dicho y hecho, nos plantamos en un restaurante en el puerto de San Pedro todos los 18, entre tíos, primos y parentela diversa.

Estábamos más bien apretados. Mis padres se habían vestido de punta en blanco para la ocasión. Yo, menos, que mi vestuario para la fête es escaso. Sin embargo sí que me había afeitado justo antes de ir al restaurante para acallar el erre que erre de mi madre. Es muy cansina y a veces me gusta darle el gusto. Claro que, a cambio y a resultas del afeite, llevaba el cuello como la Fontana Hemoglobínica de Trevi.

Todos ahí sentados parecíamos una pelicula de Berlanga. Mi tía y madrina, que ha perdido mucho pelo, usa una peluca, pero creo que se la pone lanzándola al aire y poniéndose debajo. Ni un gato muerto habría podido tener peor aspecto. A ella le da igual, y como a todos nos da por reírnos, pues santas pascuas, bien iba así. Mi primo JM. y su padre también tuvieron algún atranque que otro, como siempre por el tema de los dineros. Por fortuna, esos conatos de discusión se acallaron pronto y sólo fueron al principio de la comida. Yo no sé por qué tienen que andar siempre enredados en esos temas o por qué se llevan tan mal, que somos adultos ya. O quizá sea por eso. El caso es que ya sus agarrones verbales forman parte del folclore familiar.

Eso y el cambio continuo de regazo de la más reciente entrada al clan: mi primica L.. Con esos mofletes que parecían pelotas de playa.

Quienes mejor me caen son mis primos Al., L., mis hermanos, mi cuñada y mi tío A.; bueno, y mis padres, que los quiero mucho. Aunque la verdad es que no me cae nadie mal, sólo es que con algunos de los miembros de mi familia puedo hablar mejor que con otros. Yo no los elegí, como se puede hacer con los amigos, así que te tienes que resignar a lo que te toca. O, mejor aún, aprender a quererlos como son y disfrutarlos cuanto se pueda.

Familiar, lo que se dice familiar en sí mismo, no soy. Eso me hace sentir en eterna deuda y con un poso permanente de culpabilidad. Parecido a lo que me pasa con los amigos, a quienes creo que debo más que doy.

Setenta euros del ala costó la comida de marras. Mi madre me había subvencionado una parte, así que no fue tan grave como podría haber sido. Entre lo manirroto que soy, lo mal que me administro y la miseria que cobro, no sé cómo sigo sobreviviendo. Como no sean las becas alimentarias y esas subvenciones espontáneas del bolso de mi madre...

Luego de la comida, fui a ayudar a mi primo An. con su ordenador. Hice un poco lo que pude, o lo que sensatamente podía hacer y le prometí una nueva visita esta semana con los cedés necesarios para pulirle un poco el pecé. Creo que necesita un formateo, pero quizá eso sea excesivo. Ya seguiré probando y me dirá si le sigue fallando.

Por cierto, para aquellos que se perdieron con la entrada que hice alguos días (que si no entiendo nada, que si venga anglicismos, que si patatín y patatán, he colgado en mi otro blog un breve diccionario de términos. Indicadme si merece la pena ampliarlo un poco más.
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1 comentario

Raquel -

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